Fiebre
Pues si, hemos tenido fiebre estos días pasados
Como ya os explicaba en una entrada anterior, de vez en cuando nos visita un amigo griego del Príncipe y este fin de semana ha vuelto a venir a casa. De todas maneras, más que hablar del gran Amigdalitis me gustaría explicar como reacciona ante la fiebre que siempre acompaña a las infecciones este caballero.
Porque vamos a ver, pongo la mano en el fuego y no me quemo si afirmo que cuando nos ataca la fiebre a los mayores nos volvemos totalmente indefensos. Nos ataca un sentimiento de “bajonazo” enorme, parece que tengamos la peor de las enfermedades del mundo, nos chafamos, nos hundimos, nuestra única idea es meternos en la cama y cerrar los ojos para no ser molestados. Queremos que pase el día lo más rápido posible y nuestros lamentos son oídos a kilómetros de distancia cual canto de ballenas.
Pero los peques (al menos el Príncipe), sufren la fiebre como si “les tocasen” el punto de la hiperactividad. Imagino que es un efecto que les produce (seguro que algún pediatra me ayudará en este tema), pero está claro que se ponen como locos, en ningún momento dejan de jugar, siguen realizando sus actividades, correr, saltar, jugar, gritar, reir… Si no fuese porque los tocas y están ardiendo en ningún momento podrías adivinar que la fiebre les está atacando.
Aquí el caballero sufre un episodio muy curioso que nos hace adivinar enseguida que le ha subido la temperatura: Empieza a hablar sin parar.
De por si ya es un niño que le encanta expresarse, le gusta explicar, hablar y tiene mucha imaginación para comentar e inventarse historias. Pero cuando llega, todo esto se multiplica por cien… Os lo prometo, es todo un espectáculo. Su verborrea es tal que dejaría a la altura de un recién nacido a cualquier orador profesional. No para, aunque intentes pararle y decirle que se calme es imposible, su respuesta ante nuestras observaciones o nuestra solicitud de relax es siempre igual:
- Si papá/mamá, pero, ¿sabes qué? Pues es que he empezado a jugar con los muñecos y……….
Y así puede estar tranquilamente cinco minutos sin parar, solo se detiene para beber agua y vuelve a empezar… ¡Impresionante!
Hay que reconocer que esta capacidad de expresión nos ayuda bastante para detectar que está enfermo y que tiene fiebre, ya que si fuese por su formar de jugar y de seguir haciendo las cosas como si nada, nunca sabríamos que está malo.
No se como reaccionan vuestros peques cuando les ataca la fiebre pero si son como el Príncipe, los podemos juntar a todos y llevarlos a una tribuna para que nos deleiten con su charla, puede ser increíble
Muchísimas gracias a La Ciencia y sus Demonios por la imagen







Uff!! La fiebre… cómo te comprendo… aunque yo tengo dos y cada uno responde de distinta manera. Me ha gustado mucho leerte y verles reflejados a ambos en algunos momentos.
Un abrazo.
Buenas y gracias por comentar

Me alegro que te haya gustado. El Príncipe tiene una forma de reaccionar muy suya, pero como comento es la señal que hace que rápidamente nos demos cuenta de que está con fiebre.
De nuevo gracias por el comentario y pásate cuando quiera a leer el blog
Abrazos
Brujimayor no acostumbra a tener fiebre, pero las pocas veces que le ataca se aplatana por completo y se le ponen las mejillas de color rojo fuego. Pero sí le notas que sólo tiene ganas de estar tumbada y dormir.
Las minibrujis tienen fiebre más a menudo, pero a las dos les pasa lo que a su hermana.. se vienen abajo, se amodorran y se tumban en el sofá o sólo quieren estar en brazos. Dejan de correr y de saltar…. y esa es nuestra señal de alarma.
Porque si encima hablasen más todavía, yo creo que me iría de casa para no escucharlas!!!
Ánimos y que se recupere pronto!!!!